Tribuna sobre la situación industrial en Cantabria

Como dice el título de esta tribuna, queremos continuar con la publicada el pasado septiembre, dada la importancia que tiene el precio de la energía en los costes de producción de la mediana y gran industria. En la anterior se pretendía exponer la situación en España y especialmente en Cantabria; en ésta, queremos mostrar las acciones que podrían remediar la situación desde el punto de vista de nuestras instituciones. 

Si la política de la Unión Europea de no importar de Rusia energía, tanto de carbón como de productos petrolíferos y de gas, continúa -incluso cuando se haya terminado la guerra de la invasión de Ucrania-, los futuros precios de los productos energéticos no volverán a ser los de antes, sino que continuarán muy altos con la consiguiente caída de la producción industrial europea. A ello hay que sumar la importante disminución del suministro de Argelia y su aumento del precio: nos ha perjudicado gravemente a los españoles.

Por tanto, no solamente hay que tomar medidas a corto plazo, sino también a medio y largo plazo, replanteándose en la UE el suministro de energía. La transición energética de la Agenda 2030, que la UE está obligando a sus socios a ejecutar, debe volverse a planificar desde el realismo que nos ha presentado la situación actual, y que antes de la invasión de Ucrania ya se había manifestado. Se deben evitar los errores geoestratégicos, producto de unas ideas que quieren implantar ciertas élites mundiales, y que nos están afectando gravemente, sobre todo a las naciones europeas, con los altos precios que pagamos las empresas y los particulares.

Por otra parte, en España no estamos gestionando con la rapidez suficiente la llegada de los fondos europeos de recuperación (Next Generation), ni la construcción de las plantas de biogás, ni resolvemos el conflicto con Argelia, ni la conexión por tubería con el resto de Europa (Midcat) para aprovechar nuestras plantas de regasificación.

Y es que la UE y, dentro de ella España, deben considerar la necesidad de alcanzar la máxima independencia energética explotando, sin equivocados prejuicios ecologistas, todas las fuentes de suministro energético. Habría que empezar por derogar la Ley de Cambio Climático que nos prohíbe la búsqueda de recursos naturales, incluidos los energéticos; detener la destrucción de las presas de los embalses y prolongar la vida prevista de las centrales nucleares e incluso poner en marcha las centrales térmicas, que se han ido parando o desmantelando estos años.

A nuestro juicio, todo esto sería necesario. El plan de basar nuestro mix energético en los aerogeneradores y en los paneles solares no es suficiente para resolver la grave situación actual, como se está demostrando. Es más, el sobrecoste geopolítico que estamos pagando resta financiación al desarrollo de energías renovables y empobrece la sociedad.

“Transición” energética no significa “salto” energético. Tenemos que ser mucho más realistas y proteger nuestras comunidades mientras logramos que las renovables sean una alternativa más sólida.

 

 

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